EL HOMBRE DEL PIANO
Esta es la historia de un sabado,
de no importa que mes,
y de un hombre sentado al piano,
de no importa que viejo cafe.
Toma el vaso y le tiemblan las manos,
apestando entre humo y sudor,
y se agarra a su tabla de naufrago,
volviendo a su eterna canción.
la lara larala ... larara ... larala ... lara ...
Toca otra vez viejo perdedor,
haces que me sienta bien,
es tan triste la noche que tu cancion,
sabe a derrota y a miel.
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Cada vez que el espejo de la pared, le devuelve mas joven la piel, se le encienden los ojos y su niñez, viene a tocar junto a el.
Pero siempre hay borrachos con babas, que le recuerdan quien fue, el mas joven maestro al piano, vencido por una mujer.
la lara larala ... larara ... larala ... lara ...
Ella siempre temió echar raices, que pudieran sus alas cortar, y en la jaula metida, la vida se le iba, y quiso sus fuerzas probar.
No lamenta que de malos pasos, aunque nunca desea su mal, pero a ratos con furia golpea el piano, y hay algunos que le han visto llorar.
la lara larala ... larara ... larala ... lara ...
Toca otra vez viejo perdedor, haces que me sienta bien, es tan triste la noche que tu canción, sabe a derrota y a miel.
El microfono huele a cerveza, y el calor se podria cortar, solitarios oscuros buscando pareja, apurandose un sabado mas.
Hay un hombre aferrado a un piano, la emocion empapada en alcohol, y una voz que le dice ... pareces cansado, y aun no ha salido ni el sol...
la lara larala ... larara ... larala ... lara ...
Toca otra vez viejo perdedor haces que me sienta bien es tan triste la noche que tu canción sabe a derrota y a miel.

Ana Belen
Apenas pones los pies en el suelo se acaba la diversión...
El loco
Fue en el jardín de un manicomio que conocí a un joven de rostro pálido y hermoso y lleno de encanto. Sentándome a su lado sobre el banco le pregunté: "¿ Por qué estás aquí ?"
Me miró asombrado y respondió: " Es una pregunta inadecuada, sin embargo, contestaré: Mi padre quiso hacer de mí una reproducción de sí mismo; también mi tío. Mi madre deseaba que fuera la imagen de su ilustre padre. Mi hermana mostraba a su esposo navegante como el ejemplo perfecto a seguir. Mi hermano pensaba que debía ser como él, un excelente atleta. Mis profesores, como el doctor de filosofía,
el de música y el de lógica, ellos también fueron terminantes, y cada uno quiso que fuera el reflejo de sus propios rostros en un espejo.
Por eso vine a este lugar. Lo encontré más sano. Al menos puedo ser yo mismo".
Enseguida se volvió hacia mí y dijo:
"Pero dime, ¿ te condujeron a este lugar la educación y el buen consejo ?"
Yo respondí: "No, soy un visitante".
Y el añadió: " Oh, tú eres uno de los que vive en el manicomio del otro lado de la pared".
Khalil Gibrán